Pedro J. cree que el “joven pijo” de Ric ha demostrado “más personalidad y arrojo que su jefe, al dar la cara”

N.T.

Era de rigor que el culebrón entre Ricardo Costa, todavía secretario general y portavoz del PP Valenciano, y la cúpula popular acaparase todas las portadas de hoy tras la intensa jornada, con guerra de comunicados incluida, vivida ayer. Es cierto que el día fue confuso, que hubo dimes y diretes, que hubo órdagos, informaciones y rectificaciones… Pero lo que es innegable es que al final Costa se salió con la suya y que, además de evidenciar la responsabilidad de Mariano Rajoy y Francisco Camps en el caso Gürtel, no dimitió –condicionó su cese a una investigación interna y destacó que no se produjo la votación para decapitarle-. Pues bien, dos periódicos de referencia de la derecha, ABC y La Razón, no han acabado de enterarse de la cuestión: para estos dos medios, ha sido Rajoy el protagonista y el héroe que logrado el cese del renegado. Claro que esta interpretación la desarrollan en solitario (o a dúo). Incluso El Mundo o La Vanguardia, también conservadores, evidencian el estrepitoso fracaso del intento de dimisión.

La Razón no dedica editorial al tema, pero deja claro el enfoque en la portada: “Rajoy y Camps imponen el cese temporal de Costa hasta que el PP le investigue”. Más mentira que verdad a medias: fue Costa el que impuso la condición de una investigación interna como requisito para dejar temporalmente el cargo.



Rajoy, ¿el prota?
ABC incurre en el mismo equívoco con tal de ensalzar a Rajoy, de quien dice en portada que “convoca a Costa a la Comisión de Garantías del PP y da por hecho su cese”. Este rotativo se atreve, además, con el editorial. En un texto sorprendentemente titulado “Dimisión anunciada”, al menos se concede a Costa el “vender caro” su cese temporal y se admite que su comunicado implicando a Camps y a Rajoy “supone un reto para Génova, demostrativo de que la falta de respuestas a tiempo pudre los problemas”. Pero para este diario, hay que “hacer dimitir a quien sea necesario” y “nada de esto disminuye la razón del PP al denunciar que el caso Gürtel está siendo utilizado políticamente para intentar destruirlo como oposición y que, antes o después, habrá de depurarse responsabilidades por este motivo”.



La Vanguardia lo duda…

Hasta aquí el protagonismo del líder popular. Los demás periódicos de derecha como La Vanguardia y El Mundo han sido más realistas y han optado por destacar el equívoco y la confusión de ayer. El primero destaca en su portada que “Rajoy da por hecho” un cese “que en Valencia niegan” y editorializa respecto al “embrollo peligroso” en el que se han metido los conservadores. Para este medio, si se produce la dimisión de Costa la autoridad de Rajoy quedará reforzada. “Pero si el díscolo dirigente no se aparta del partido y Camps lo mantiene en el puesto, a Rajoy no le quedará más remedio que hacerse valer y expulsarle, para evitar que el PP entre en un proceso de desgaste insostenible”.



El Mundo
contundente

El Mundo a su vez destaca en la primera la cobardía del presidente valenciano, que “no se atreve” a cesar a su número dos en el partido. Ya en el editorial titulado “Un sainete entre el atrincheramiento y la falsedad” el medio se deshace en elogios hacia Ricardo Costa, quien “a pesar de su aspecto de joven pijo, ha demostrado tener más personalidad y arrojo que su jefe, al dar la cara” y lanzar un órdago a la cúpula regional y nacional. Costa “logró” el respaldo de Camps y “sencillamente no es cierto” que el Comité Regional acordase suspenderle. “Al final, todo este sainete sólo tiene dos explicaciones posibles. O Camps engañó a Rajoy –lo cual no sería extraño habida cuenta del estado emocional en el que se encuentra el presidente valenciano, que ahora se ve a sí mismo como a Ghandi- o la dirección del PP ha manipulado la información que le trasladó Camps para engañar a la opinión pública. Lo que no cabe es que Rajoy diga que no se enteró de lo que sucedió, puesto que tenía dentro a un enviado de la dirección, Esteban González Pons, y a un estrecho colaborador, Federico Trillo. En todo caso, seguir empeñándose en hacer pagar a Costa los platos que ha roto otro es u buen camino hacia ninguna parte”, sentencia.

Losantos busca al director de orquesta
Y si el editorial de Pedro J. Ramírez va de sainetes, el de Federico Jiménez Losantos se decanta por las serenatas. En un texto titulado “Rajoy y la serenata de la confusión”, Libertad Digital asegura que el “bochornoso espectáculo” de ayer fue una “serenata de la confusión y desaparición del director de orquesta”. “Parecería que ha sido Costa el que ha marcado las directrices a su partido. Y decimos parecería, dado que el lamentable espectáculo ofrecido por el PP incluye la ley del silencio” a las que hay que sumar la “desaparición de escena” de Mariano Rajoy, de María Dolores de Cospedal” y de Soraya Sáenz de Santamaría, (estas dos anularon las ruedas de prensa que tenían previstas). Para este medio, la investigación interna que pide Costa es lo menos que podía hacer el PP. El diario también remarca que si Génova quería la cabeza de Costa “debía habérsela reclamado pública y claramente, desde el primer momento” y, sin embargo, “lo que ha transmitido es una imagen de falta de autoridad que alimenta e incluso aumenta las injustificadas sospechas de corrupción”.



¿Quién le teme a Ric?

Finalmente, El País lleva a portada el “engaño” valenciano a Rajoy y la continuidad de Costa y publica un editorial titulado “¿Quién teme a Costa” en el que evidencia que “la incapacidad” del líder “para poner orden en el PP y los engaños de Camps incendian el partido”. Para este medio, los esfuerzos por decapitar al secretario general han sido “esperpénticos” y, en lugar de refrenar la crisis Gürtel, la han acelerado. Además, la “guerra surrealista de comunicados” escenificada anoche “anticipa un enfrentamiento sin empate posible y con muchos daños colaterales”. “Lo visto ayer en Valencia prueba hasta qué punto la podredumbre se ha instalado como un sistema de funcionamiento en todos los estratos” del PP. “El intento frustrado de destitución de Costa no zanja la asunción de responsabilidad políticas ante las instituciones valencianas, cuyos fondos fueron desviados hacia el bolsillo de los miembros de la trama y, presuntamente, hacia las arcas del partido. Esas responsabilidades sólo pueden ser asumidas por Camps”, concluye el medio.