SUEÑOS de… Juanjo Millás.

Yo quiero estar imputado, como Camps, para ser feliz, para reír con la  franqueza con la que ríe él, para divertirme a la entrada y a la salida de  los juzgados, para que la gente me aplauda y me jalee como a un actor de  moda, para que la alcaldesa de Valencia o cualquier otra se muera por  acompañarme, del brazo, a los tribunales de justicia. Tengo derecho a ser  feliz, a que me regalen trajes y entradas para el circo, lo mismo que a mi  señora y a mis hijos.

Yo quiero que mis defectos se hagan públicos y que a  la gente le parezcan normales, del mismo modo que parece normal no usar para  nada las tarjetas de crédito. 

– Querida, te cojo doce mil euros de la caja de la farmacia, para hacerme  unas chaquetas. 

– Vale, corazón, pero no pidas factura, que estoy de papeles hasta el gorro.

Yo quiero que las bolsas de plástico con las que la gente me ve ir y venir  por la calle estén llenas de billetes de 500 euros y no de judías verdes o  lechugas. Yo quiero pagar al contado mis viajes a Sudáfrica (8.000 euros) y  devolver 300.000 en billetes de 50 sin que a nadie le parezca raro. ¿Qué  pasa? ¿Son obligatorias las transferencias?

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Yo quiero estar a gusto conmigo  mismo, con mi conciencia, como Trillo, que no tiene remordimiento alguno por  lo del Yak 42. Lo malo es que yo no he estado implicado en nada raro, ni en  estafas, ni en muertes, ni en cohechos, ni en maquinaciones para alterar el  valor de las cosas, sólo en pequeñas miserias, en tonterías de andar por  casa, en mezquindades que no llaman la atención de los jueces, que no van a  ningún sitio.

Y por eso, sospecho, sufro de tantos problemas de conciencia y  de tantas dificultades para ser feliz. No tengo amiguitos como El Bigotes,  como Correa, no frecuento los bajos fondos. Del trabajo a casa y de casa al  trabajo, perra vida.

Por eso Rita Barberá no me llama para acompañarme al  juzgado y echar unas risas por el camino, como los actores cuando atraviesan la alfombra roja. Yo quiero ser un chorizo, no por los trajes, ni por los  viajes a Sudáfrica ni por los 300.000 euros que me dan un día y devuelvo al  siguiente en bolsas del supermercado, sino para que la gente me quiera más.

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